El día de San Clemente y la Conquista de Sevilla

El siglo XIII fue el siglo en el que el cristianismo se expandió por nuestro país. Fernando III el Santo fue el encargado de conquistar varias ciudades, entre ellas, Sevilla.

En 1247 asedió la ciudad de Isbiliya que había sido árabe durante cinco siglos. Era una ciudad completamente amurallada y defendida por sendas torres como la famosa Torre del Oro y a la que sólo se accedía navalmente cruzando el puente de barcas.

A nuestro rey se le complicaron las cosas ya que no podía entrar ni por tierra ni por agua. Fue entonces cuando mandó a llamar a Ramón Bonifaz Camargo, un almirante y constructor de barcos del norte. Hizo entonces, entre otros, dos barcos pequeños, pesados y con pinchos en su proa para embestir el puente, hasta que lo consiguió. Como regalo le permitió poner en el escudo de su zona, Cantabria, la hazaña, apareciendo la Torre del Oro, las cadenas del puente que rompió y los barcos que utilizó para esa labor.

Se debilitaron las tropas árabes al no recibir las provisiones que venían de Triana durante tres meses. El 23 de noviembre de 1248, coincidiendo con la festividad de San Clemente y con el cumpleaños de Alfonso X el Sabio, hijo de nuestro rey, entraron las tropas a la ciudad.

Las tropas triunfantes hondearon el pendón real de San Fernando por toda la ciudad y la clavaron en la Torre de Abd el Aziz en señal de victoria. Desde entonces, tras el mandamiento de Alfonso X el Sabio, cada 23 de noviembre sale en procesión. Tras la canonización de Fernando III el Santo en el siglo XVII se convierte en reliquia, junto a su espada Lobera y las espuelas que el rey usaba. En la actual procesión también se incluye la reliquia de San Clemente que se custodia en la Catedral de Sevilla.

Otro momento simbólico del que conservamos recuerdo fue la entrega de las llaves de la ciudad por el cadí Afarax y las de la judería por la comunidad hebrea de la ciudad, que había sido muy castigada por los almohades. En las dos llaves se puede leer «Dios abrirá, Rey entrará» en diferentes idiomas: castellano, hebreo y árabe.