La Giralda es de época almohade. Era el alminar, la torre donde el almuédano subía cinco veces al día para llamar a viva voz a los musulmanes para que acudieran a rezar.
Tiene cien metros de altura y se divide en treinta y cinco pisos, de los cuales treinta y cuatro son rampas y el último diecisiete escalones.

Cuenta con cimientos de seis metros de profundidad, creados con mármol de época romana. En la esquina inferior izquierda se conservan dos tumbas de época romana que pertenecían a antiguos soldados de Híspalis.

En el primer cuerpo de la torre se utilizaron paños de sebka para la decoración junto a arcos intercalados que mezclaban diferentes estilos, de herradura y polilobulados en la mayoría de los casos. Una curiosidad es que todas las caras tienen la decoración a diferente altura debido a que tuvieron que apoyarse en las rampas de subida para abrir los huecos.

Con el paso del tiempo y el terremoto del siglo XIV la parte superior se perdió. Era un antiguo yamur, una estructura de bolas doradas superpuestas que reflejaba el sol para que se viese a kilómetros de distancia. Tras esta pérdida se cambió por una pequeña espadaña para colocar una campana. Ya fue en el siglo XVI cuando se contrató a Hernán Ruiz II para crear el actual campanario.

Tardó diez años en terminarse. En su interior tenemos veinticinco campanas. La mayor, La Gorda, pesa cinco toneladas. Una curiosidad es que cada campana está «bautizada». Hay carteles junto a ellas que ponen sus nombres. Las dos últimas se apodaron «Omnium Sanctorum» y «Santa Cruz». El campanario se decoró con jarrones y flores de azucena, que simbolizan la pureza de la Inmaculada Concepción.
Como remate se dispuso al Giraldillo. Es una escultura que simboliza el triunfo de la fe católica sobre el resto de las religiones. Fue la escultura de bronce más grande del Renacimiento y fue creada por Bartolomé Morel. Es una mujer, la diosa Atenea, que lleva una palma de martirio y un escudo que hace las veces de veleta.

Cervantes la describe en Don Quijote de la Mancha:
Una vez me mandó que fuese a desafiar a
aquella famosa giganta de Sevilla llamada la
Giralda, que es tan valiente y fuerte como
hecha de bronce, y sin mudarse de un lugar es
la más movible y voltaira mujer del mundo.
Don Quijote de la Mancha. II. Cap. XIV.