Este monasterio se fundó sobre los restos del palacio de don Fadrique, hermano del rey Alfonso X el Sabio que, tras las últimas restauraciones, ha vuelto a salir a la luz. Una de las partes más interesantes de este lugar es la torre de Don Fadrique, que fue el único lugar que realmente pudo disfrutar el hermano del rey antes de ser asesinado por Alfonso X.

El Monasterio de Santa Clara se fundó en 1289 por el rey Sancho IV y su esposa María de Molina, aunque la mayor parte que se puede visitar hoy se construyó entre los siglos XVI y XVII. Se les dio a las Clarisas Franciscanas, gozando siempre de la ayuda de los reyes.
En el siglo XIX sufrió, como la mayoría de lugares religiosos de la ciudad, la Invasión francesa y la desamortización, viéndose modificadas muchas estancias. Aunque fue en 1998 cuando se abandonó definitivamente por falta de vocación espiritual.
El Claustro central es renacentista, cubierto con interesantes paños de azulejos de los talleres de Diego Polido y yeserías que decoran la apertura de las diferentes estancias alrededor del claustro.

El refectorio, por su conservación, es una de las partes más interesantes. Tenía capacidad para 65 hermanas que se sentaban alrededor de un banco corrido. Se conserva la mesa del comedor, algo inusual en la mayoría de monasterios desamortizados. El púlpito, donde rezaba una monja mientras el resto comía, se decora con imágenes alusivas a la orden: la custodia de Santa Clara y los emblemas de los Santos Juanes.

El jardín, donde se encuentra la Torre de Don Fadrique, fue el antiguo museo arqueológico de Sevilla, donde se siguen conservando algunas piezas. También tenemos la escultura del rey Fernando VII, que tras muchos traslados, acabó aquí. Otro lugar simbólico es el laurel donde cuenta la leyenda que se escondió María Coronel mientras huía de la guardia de Pedro I el Cruel.

Actualmente independiente, tenemos la Iglesia de Santa Clara, de estilo gótico mudéjar, construida en el siglo XV pero reformada posteriormente en estilo barroco. Su interior fue decorado por Martínez Montañés, quien hizo el retablo principal dedicado a Santa Clara y otros secundarios como el de los Santos Juanes y el de la Inmaculada. Cuenta también con un coro alto y uno bajo reservado para las monjas.

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